Parábola: Propósitos para tener felicidad

 

Comienza un nuevo año. El 2026 llega cargado de expectativas, listas mentales y promesas silenciosas: cuidar mejor la salud, dedicar más tiempo a quienes amamos, ordenar la economía, vivir con menos prisa, retomar espacios de silencio, reconciliarnos con alguien, fortalecer la fe… Propósitos buenos, necesarios, pero muchas veces frágiles. Jesús lo sabía entonces y lo sigue sabiendo hoy: gran parte de lo que prometemos en enero se diluye cuando la rutina vuelve a imponerse.




Lo que decides poner hoy en el cofre

Cuenta la parábola que un día Jesús, estando en el templo, invitó a sus discípulos a fijarse en el cofre de las ofrendas. Allí fueron llegando varias personas, cada una con su propio año grabado en el nombre.

Primero se acercaron 2023, 2024 y 2025.
Cada uno dejó su ofrenda con cierto cuidado.

  • 2023 depositó esfuerzos tardíos: tiempo regalado solo cuando ya no había más remedio, perdones dados cuando el desgaste era evidente, cambios hechos por obligación más que por convicción.

  • 2024 ofreció sacrificios condicionados: ayudar cuando sobraba tiempo, cuidar la salud solo después del susto, rezar cuando el problema apretaba, escuchar al otro mientras no incomodara demasiado.

  • 2025 dejó buenas intenciones incompletas: proyectos iniciados y no terminados, conversaciones postergadas, decisiones importantes aplazadas por miedo o comodidad.

Todas esas ofrendas tenían algo en común: venían del pasado, de lo que ya había ocurrido y no podía transformarse.

Luego aparecieron 2027 y 2028.
También ellos se acercaron al cofre.

  • 2027 dejó promesas bien formuladas: “cuando tenga más tiempo”, “cuando esté más tranquilo”, “cuando se acomoden las cosas”.

  • 2028 ofreció planes generosos, pero sin fecha: cuidar mejor a los demás, comprometerse más, vivir con más sentido… algún día.

Sus ofrendas venían del futuro, de un mañana que nadie tenía asegurado.

Finalmente entró 2026.
No sacó nada del bolsillo ni de la agenda. No habló de lo que fue ni de lo que tal vez será. Metió la mano en el corazón y lo colocó entero en el cofre: su tiempo real, sus decisiones cotidianas, su manera concreta de amar, trabajar, descansar, creer y servir hoy.

2026 comprendió que lo que agrada a Dios no son los recuerdos ni las promesas, sino los compromisos vividos en presente, pequeños pero constantes, humildes pero verdaderos.

Ahí los discípulos entendieron que el verdadero cambio no empieza en enero ni en el futuro, sino en el ahora.


Mis compromisos para este 2026
(escríbelos aquí)



Te toca a ti, amiga, amigo.
Elige uno, como máximo dos compromisos. Escríbelos en presente, de esos que puedas comenzar en cuanto cierres el blog.
No guardes el 2026 para después.Vívelo a plenitud.

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