Comenzar el año lectivo construyendo comunidad

 

Todos juegan de titulares



Un nuevo año escolar no es solamente una oportunidad para aprender contenidos. Es una oportunidad para aprender a convivir, acompañar y crecer juntos.

Hay algo especial en los primeros días de un nuevo año lectivo.

Las aulas vuelven a llenarse. Los docentes preparan sus planificaciones. Los estudiantes se encuentran nuevamente con sus compañeros. Hay nervios, expectativas, reencuentros y también muchas preguntas.

¿Será un buen año?

¿Podré cumplir con todo?

¿Lograré conectar con mis estudiantes?

Pero existe una pregunta que necesitamos hacernos antes de todas las demás:

¿Qué tipo de comunidad queremos construir este año?

Una institución educativa además de ser lugar donde se transmiten conocimientos es un espacio donde las personas aprenden a relacionarse, a enfrentar dificultades, a descubrir sus capacidades, a reconocer sus límites y, poco a poco, a encontrar su lugar en el mundo.

Por eso, comenzar un nuevo año lectivo es una nueva oportunidad para volver a empezar.

Aquí nadie se queda en la banca

Imaginemos el aula como un equipo.

En un equipo no todos tienen la misma función. Algunos tienen facilidad para organizar; otros son creativos. Algunos participan constantemente; otros necesitan más tiempo para expresarse. Hay quienes destacan académicamente y quienes descubren sus capacidades en el deporte, el arte, las relaciones, el liderazgo o el servicio.

El problema aparece cuando comenzamos a considerar que solamente son importantes quienes cumplen perfectamente con nuestras expectativas: el estudiante que obtiene las mejores calificaciones, la niña que siempre está atenta, el joven que participa en todas las actividades, el grupo que nunca genera problemas.

Pero la verdadera tarea educativa aparece muchas veces precisamente donde las cosas no resultan fáciles: en el estudiante que desafía, en quien no entrega las tareas, en quien parece no interesarse por nada, en quien se aísla, en quien responde mal, en quien necesita que alguien vuelva a confiar en él después de haber cometido varios errores.

Una educación inspirada en el Evangelio no puede mirar solamente a quienes ya están dando buenos resultados, nuestro ejemplo debe ser Jesús, que miró a quienes estaban al borde del camino. Esa mirada es la que cambia la manera de educar.

Educar no es escoger lo fácil

Como docentes, es natural que nos resulte más sencillo relacionarnos con determinados estudiantes. Hay quienes conectan rápidamente con nuestra manera de enseñar. Otros parecen comprender lo que explicamos casi sin esfuerzo. Algunos reciben una corrección y procuran cambiar. Pero también están aquellos que nos ponen a prueba.

Y tu: ¿Estas educando solamente a quienes responden bien a tu manera de enseñar?

El desafío no consiste en eliminar los límites ni en justificar cualquier comportamiento, el desafío está en aprender a corregir sin poner etiquetas, exigir pero no humillar  y acompañar.

Un estudiante puede tener una conducta inadecuada sin convertirse en “el problema del curso”, puede equivocarse sin quedar definido por su error, puede necesitar más tiempo sin ser considerado menos capaz, puede tener dificultades sin que dejemos de esperar algo bueno de él.

Una herramienta para comenzar

Durante las primeras semanas del año, elige cinco estudiantes que consideres especialmente fáciles de acompañar y cinco con quienes encuentres mayores dificultades.

Para cada uno, responde:

¿Qué fortaleza veo en esta persona?

¿Qué dificultad necesita superar?

¿Qué puedo hacer yo para favorecer su crecimiento?

No siempre encontraremos una respuesta inmediata. Pero la pregunta ya modifica nuestra posición frente al estudiante.

No etiquetes: describe

Una de las herramientas más sencillas para mejorar la convivencia consiste en cambiar la manera en que hablamos de nuestros estudiantes.

No es lo mismo decir: “Es irresponsable” que decir: “Durante las últimas semanas no está cumpliendo con las tareas”.

No es lo mismo: “Es agresivo”. que: “Cuando se siente cuestionado, responde elevando la voz y utilizando expresiones ofensivas”.

No es lo mismo: “No le interesa estudiar”. que: “Está mostrando poca participación y escaso compromiso con las actividades académicas”.

Prueba esta regla en el aula

Cuando tengas que hablar de un estudiante con otro docente, con la familia o con el propio estudiante, intenta comenzar describiendo lo que hace, no lo que es.

Después pregunta: ¿Qué necesita aprender o desarrollar?

Finalmente: ¿Qué podemos hacer para ayudarlo?

Este cambio de lenguaje ayuda a construir una cultura educativa menos centrada en las etiquetas y más orientada al crecimiento.

Y los estudiantes también tienen una tarea

La responsabilidad de construir comunidad no corresponde únicamente a los docentes. También los estudiantes necesitan aprender que no siempre vamos a relacionarnos con personas que nos agradan.

Habrá docentes con quienes conecten inmediatamente, otros cuya manera de enseñar les resulte difícil, materias que disfruten y otras que les cuesten, compañeros con quienes compartan intereses y otros con quienes tengan muy poco en común.

Esta premisa educa porque aprenden a respetar a alguien aunque no sientan simpatía por esa persona, a escuchar aunque no esten siempre de acuerdo, a convivir aunque los otros sean diferentes a mí.

Actividad: “Lo que puedo aprender de ti”

Pide a cada estudiante que piense en dos docentes:

  • uno con quien tiene una relación muy positiva;

  • otro con quien le resulta más difícil relacionarse.

Luego responde:

¿Qué valoro del primero?

¿Qué puedo aprender del segundo?

¿Qué actitud necesito mejorar en mi relación con ambos?

El objetivo no es obligar al estudiante a considerar positivo aquello que realmente le genera dificultades sino ayudarlo a descubrir que incluso una relación difícil puede convertirse en una oportunidad de crecimiento.

Una comunidad no se construye solamente con buenas notas

Una institución educativa puede tener excelentes resultados académicos y, al mismo tiempo, presentar dificultades importantes en convivencia. Por eso necesitamos ampliar nuestra idea de éxito.

Un estudiante aprende cuando comprende una ecuación, pero también aprende cuando descubre cómo pedir ayuda. Aprende cuando mejora su escritura, pero también cuando aprende a reconocer que hirió a un compañero. Aprende cuando obtiene una buena calificación, pero también cuando comparte lo que sabe con alguien que tiene dificultades. Aprende cuando gana pero también cuando pierde y vuelve a intentarlo.

No todo lo que educa aparece en una libreta de calificaciones.

La pedagogía de Jesús: mirar, acercarse, acompañar

Los Evangelios muestran repetidamente a Jesús encontrándose con personas concretas. No trabaja únicamente con quienes ya tienen todo resuelto sino que mira al enfermo, escucha al que pregunta, se acerca al excluido, come con quien otros rechazan, llama por su nombre, hace preguntas, invita a cambiar, acompaña.

A partir del ejemplo de Jesús, uno de nuestros propósitos para el nuevo año puede ser: No solamente enseñar mejor, sino aprender a mirar mejor.

El pacto del aula: aquí todos somos titulares

Durante los primeros días de clase, podemos transformar esta idea en una experiencia concreta. Entrega a cada estudiante una tarjeta y completa la frase:

“Para que nadie se quede en la banca, en este curso necesitamos…”

Cada estudiante propone una acción. Después, como grupo, seleccionan entre cinco y siete compromisos.

Por ejemplo:

  • Escuchamos sin burlarnos.

  • Podemos equivocarnos sin ser humillados.

  • Pedimos ayuda cuando la necesitamos.

Finalmente, construyan un Pacto de Aula y colóquenlo en un lugar visible. Pero hay una condición:

no debe convertirse en un cartel decorativo. Una vez al mes, dediquen cinco minutos a revisar: ¿Cómo lo estamos haciendo?; ¿Qué estamos cumpliendo?; ¿Qué necesitamos mejorar?

Así, el pacto deja de ser una lista de buenas intenciones y se convierte en una herramienta de evaluación de la convivencia.

Este año, que nadie juegue solo

Al final, la pregunta no es quiénes son los mejores del curso. La pregunta es: ¿Qué estamos haciendo para que todos puedan crecer?

Quizá ese sea uno de los grandes desafíos de una comunidad educativa cristiana; no conseguir que todos sean iguales, que todos tengan las mismas capacidades, que todos aprendan al mismo ritmo. Sino lograr que cada persona encuentre un lugar desde el cual pueda crecer y aportar.

El nuevo año lectivo comienza. El equipo está completo. Ahora nos toca jugar juntos.

Para llevar al aula esta semana

Antes de terminar, elige una de estas cinco acciones:

1. Mira a quien suele pasar desapercibido.
Acércate y pregúntale algo que no tenga relación con una calificación.

2. Cambia una etiqueta por una descripción.
Observa una conducta sin convertirla en identidad.

3. Reconoce una fortaleza.
Dile a un estudiante algo concreto que hace bien.

4. Revisa tu Pacto de Aula.
Pregúntale al grupo qué compromiso necesita mayor atención.

5. Hazte una pregunta incómoda.

¿A qué estudiante necesito mirar de una manera diferente este año?

A veces, una comunidad comienza a cambiar cuando alguien decide mirar de otra manera.

Jessica Villacrés

Laboratorio Pastoral
Ideas para educar, acompañar y transformar.

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